Pierdo el tiempo.

"Quiero hacer contigo lo que la primavera hace con los cerezos"

Lovers

sábado, 27 de noviembre de 2010

Cuarta escena, décimo capítulo


Ella lo mira mientras se le escapa una carcajada. Mete la cuchara dentro del helado y se la lleva a la boca.
  Sí, nunca se había equivocado, es una de esas personas enormes, que te sorprenden cuando menos te lo esperas. Aunque a veces resulte detestable.
  No quiere pensar en Bruno pero es inevitable. Se pregunta si él habrá olvidado lo que se querían y todas las promesas hechas. De pronto, todo le parece ridículo; hasta ella misma se lo parece, por haber confiado en algo que en el fondo sabía que volvería a doler.
  Oh, el dolor parece esconderse cuando Andrew la mira como ahora, con los ojos brillando, con esa máscara de chico no le importa nada pero que, en el fondo, es el que más se preocupa.
  No sabe si es la película lo que la hace reír o simplemente las ansias que tenía de hacerlo.
-          Eh, comparte un poco de helado o te pondrás como una vaca – bromea.
-          Eres idiota.
  Tampoco sabe muy bien en que desembocará todo esto. No se ha olvidado de que la última vez que lo vio lo odió con toda su alma, que aún hay asperezas por limar.
-          ¿Por qué te has mudado?
-          No quería que me encontrases, así que huí.
-          En serio.
-          No me sentía bien con aquel tipo y mi amigo me ofreció algo mejor así que… no dudé en mudarme.
-          Entonces, no tienes intención de volver.
  Silencio. De pronto se pone serio.
-          No. Ni quiero hablar de eso.
-          ¿Por qué?
-          Me toca las narices.
-          Es injusto. Yo te he contado, prácticamente, toda mi vida. Me gustaría saber qué ha pasado con tu padre, cuál es la razón por la que no quieres volver.
  La película saca una escena graciosa que ven sin ver. Ninguno ríe. Él piensa. Ella espera.
-          Mi padre no me apoya, quiere que deje la música para ponerme a estudiar en serio. No entiende que él no es el dueño de mi vida, que yo puedo hacer lo que me dé la gana, que es lo que haré. Cree que lo necesito para sobrevivir, que no tengo de donde sacar el dinero. Es cierto que ahora el tema del dinero es más difícil pero me lo paga la tranquilidad de no tener que escuchar todo el tiempo que soy un inútil y que mi música se irá a la basura más temprano que tarde.
-          Quizás él sólo quiere asegurarse de que el día de mañana tengas un trabajo si tu música falla.
-          Él quiere que sea como él, Grace, y eso no es lo que espero de mi vida. No me importa el dinero, quiero hacer lo que me gusta y punto, quiero una vida feliz y no como la de él, hablando todo el tiempo de negocios; si lo que me gusta me da lo suficiente como para vivir, me conformo, claro que sería mucho mejor si ganase millones, no te miento, pero con poco también me conformo.
-          ¿Vas a dejar la universidad, entonces?
-          No lo sé. Depende de mi tiempo.
-          Pero, ¿por qué no quiere que toques si estudias al mismo tiempo?
-          Dice que no le gusta, que pierdo el tiempo, que lo que le dedico a la música podría dedicárselo a ayudarlo con la empresa o a aprender cómo funcionan las cosas en ella. Para mi padre nunca es suficiente – se para y la mira. Ella nota que es un tema doloroso para él -. Esta no es nuestra primera discusión, pero es la gota que ha colmado el vaso, me ha hecho elegir y he elegido.
  Ella se acerca un poco. Él deja caer la cabeza sobre su hombro, pensando.
-          Ha sido un mal golpe, ¿no?
-          Claro, es mi padre, al fin y al cabo, y me repatea que le den igual mis expectativas.
-          En el fondo, nos encontramos en la misma situación – sin darse cuenta, le coge la mano y se la aprieta -. Ambos hemos sido menospreciados. Y, ¿sabes? A mí me encanta tu música.
  Sonríe. Es la primera vez que lo ve sonreír de esa forma, como un niño. Incluso le parece emocionado. A ella se le contagia esa sonrisa dulcísima.
-          Lo que más odio es sentir que la gente menosprecia lo que hago. Me da igual que mi música no le guste a mi padre o a quien sea, quizás no es su estilo, pero otra cosa muy distinta es que la califique de mierda.
-          Nada que se haya hecho con cariño es mierda.
  No le suelta la mano. Se ven a los ojos unos segundos y luego él la rodea con los brazos y la acerca. Le da un beso en la frente y la despeina.
-          Al final puede que no seas tan cría.

3 comentarios:

Clary Claire dijo...

No me he leído todos por falta de tiempo, pero me basta con haberme leído este para saber que es preciosoo!! Me ha encantado, escribes genial.

Un besazo.

65segundos dijo...

por los amores eternos. por lo poquito que duran...
me encanta :)

Señor K. dijo...

Si en vez de Andrew el chico del texto se llamase como yo, creeria que estas robando mi vida, o que vivo en un reality show.